“A la hora del café, por la ventana que daba a la huerta, Chemín miró la fiesta de pájaros en el viejo manzano florecido. Durante el hosco silencio del invierno sólo acudía allí el petirrojo, picando como un niño minero en las sienes plateadas por el musgo, saltando en las ramas desnudas con su saquito de aire alegre y colorado. A veces también venía el mirlo. Posaba su melancolía de crepúsculo, devolviendo de reojo la mirada del hombre, y luego huía de repente, abriendo las alas en un pentagrama oscuro con pico naranja.”
“La vieja reina alza el vuelo” Manuel Rivas

